Videoteca de Barbara Steinmetz
Barbara Bandler Steinmetz
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Barbara: Estuve un mes en Hungría. Nací en Hungría y mis padres vivían en Italia. Pero ese es el país de nuestras familias... donde nuestra familia ha vivido probablemente durante más de 100 años antes de que yo naciera.
Entrevistador: ¿Existía una identidad judía en su familia mientras vivieron en Hungría?
Barbara: Mis padres provenían de familias judías ortodoxas. Mi padre... mi abuelo estudiaban la Torá todo el tiempo. Y de hecho, hay una historia familiar que narra que no se ganaba muy bien la vida, porque estaba muy ocupado estudiando la Torá, y cada vez que alguien entraba en su tienda, se irritaba, porque tenía que levantar la cabeza del estudio del Talmud.
Entrevistador: ¿Qué tienda?
Barbara: Era una especie de vendedor al por mayor. Él tenía un montón de diferentes tipos de ocupaciones. Parecía que le costaba mucho ganarse la vida. La familia de mi madre... su padre era el médico jefe del condado en Hungría, y ella provenía de una familia muy educada.
Sin embargo, también eran una familia religiosa. En aquella época, en Hungría no existían las familias que no fueran religiosas. Ella provenía de un pueblo muy pequeño y solía contarnos que tenía que viajar bastante lejos para ir a la sinagoga. Y ella solía ir a una sinagoga maravillosa, preciosa, preciosa, en Győr, G- Y-O-R. Pero ella vivía en un pueblo llamado Győrszentmarton, que está a unas 25 o 30 millas de Győr. Por lo tanto, era un extenso viaje. Pero tuvieron una educación religiosa, aunque solo había unos pocos niños judíos en la comunidad en la que vivía. Es posible que ni siquiera haya habido otra familia judía. Realmente no lo sé.
Capítulo 1: Antes de la guerra
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Barbara: Mis padres eran dueños de un hotel muy grande y recibían clientes, personas que llegaban al complejo vacacional. Es una isla turística en el Adriático, y los visitantes procedían de todas partes, sobre todo de Alemania e Inglaterra, y probablemente de Francia. Por lo tanto, cuando éramos pequeñas, nuestras vidas estaban en constante actividad. Y los huéspedes del hotel jugaban con nosotras y nos hablaban cuando éramos pequeñas. Mis padres, por supuesto, estaban muy ocupados con el hotel, así que mi hermana y yo teníamos una niñera, una maravillosa señora de Austria. Se llamaba «Tetsi». Y con el tiempo se mudó con nosotros de un lugar a otro y se casó con un judío, pero ella era... ella era realmente la persona con la que estábamos. Pero la vida en un hotel para un niño es realmente un lugar maravilloso, porque no solo están los huéspedes del hotel, sino todo el personal de servicio que trabajaba en él. Los hijos de los propietarios tienen un lugar muy... muy especial. Y así nos trataban. Pero me fui de Italia muy joven, así que viví ese tipo de vida durante muy poco tiempo.
Entrevistador: ¿Hay algún recuerdo especial de sus padres que le gustaría compartir durante su estadía en Italia?
Barbara: La verdad es que no tengo un recuerdo claro de cómo eran mis padres. Voy a... solo por las historias que escucho, y por supuesto, porque mi hermana era mucho mayor que yo, y entonces... ella me ha contado mucho sobre cómo eran. Pero tanto mi padre como mi madre eran ciudadanos europeos muy sofisticados. Conocían los mejores vinos, las mejores comidas, y eran muy, muy mundanos, muy conocedores. Mi padre era un maravilloso anfitrión de hotel, y los huéspedes regresaban año tras año. Se hicieron amigos de muchos de los huéspedes. Como digo, era... un centro turístico maravilloso, justo en el mar Adriático. El pueblo era encantador, un pequeño pueblo italiano. Y mis padres eran anfitriones de hotel y se dedicaban a las tareas típicas de los anfitriones de hotel. No recuerdo nada más específico sobre mi relación con ellos. Tenía menos de tres años cuando me fui de allí, así que no tengo esos recuerdos.
Capítulo 2: Hotel Alhambra
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Barbara: Mi padre era un hombre al que le entusiasmaban los desafíos de la vida. Y así, en algunos aspectos, lo que le ocurrió se correspondió con el tipo de personalidad que poseía, que se vio totalmente desafiado por todos los obstáculos que tuvo que superar. Estoy segura de que lo único que tenía en mente era mantenernos con vida. En ese sentido, eligió huéspedes que vivían en... que habían visitado nuestro hotel y les pidió ayuda para salir de Italia, salir de Europa... bueno, no necesariamente abandonar Europa, pero sí para salir de Italia en ese momento.
Junto con eso, escribió o solicitó una carta de buena conducta, que luego envió a las embajadas de todo el mundo. Y me gustaría leer ahora mismo la carta de buena conducta que recibió en 1938. Esta fue una de las que envió al consulado británico, y procede del alcalde del municipio de Lussinpiccolo. Y dice que el Sr. Alex... el Sr. Samuel Bandler dirige un gran hotel en Cigale, municipio de Lussinpiccolo, desde el año 1927, y que durante estos 12 años de residencia en esta ciudad, tuvo una conducta ejemplar, tanto desde el punto de vista político como moral. En su calidad de hotelero, el Sr. Bandler cooperó al incremento del sector de extranjeros con un celo elogiable. Y esto es del municipio de Lussinpiccolo, 12 de septiembre de 1938. Y esta carta fue enviada a todas partes.
Capítulo 2: Hotel Alhambra
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Barbara: Estuve en Italia aproximadamente tres años. Nos marchamos de Italia. Todavía estábamos en Trieste en 1939. El 1 de septiembre de 1938, hubo... Mussolini tuvo que cumplir con la exigencia de Hitler de eliminar a los judíos de Italia. Y entonces se emitió una proclamación por la cual todos los judíos que no hubieran nacido en Italia después de... que hubieran nacido en Italia... lo siento... que no hubieran nacido en Italia antes de 1900 debían abandonar el país. Así que mis padres tuvieron que desalojar el hotel y abandonar el país.
Nosotros... mi padre estaba muy informado sobre lo que ocurría en Europa, en parte porque había muchos huéspedes allí. Siempre le interesó mucho la política y se mantenía muy al día de lo que ocurría en el mundo. Y desde las leyes de Núremberg y desde... y desde La noche de los cristales rotos (Kristallnacht), tuvo una premonición de lo que ocurría en Europa y de lo que iba a ocurrir. Así que empezó a buscar otros lugares para su familia antes de que partiéramos de Italia. Y empezó a escribir cartas. Empezó a preguntar a los huéspedes extranjeros si podríamos entrar en sus países. Así que cuando nos fuimos de Italia, no solo no fue una sorpresa para mi padre, sino que ya estaba organizando todo para que nos fuéramos a otro sitio. El problema, por supuesto, en Europa, era ¿a dónde ir? Pero tuvimos que... tuvimos que abandonar Italia. Tuvimos que empacar todas nuestras pertenencias y guardarlas en depósitos... en un depósito de Trieste, porque, por supuesto, solo podíamos viajar con aquello que podíamos transportar fácilmente.
Capítulo 3: Antisemitismo en ascenso
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Barbara: Así que nos fuimos de Italia alrededor de 19... bueno, en 1939, a principios de 1939. En marzo o abril de 1939, todavía estábamos en Trieste. Pero ese otoño, ese verano y ese otoño, regresamos a Hungría después de dejar Italia. Pasamos... mi hermana, mi madre y yo pasamos el verano en Hungría con nuestra familia, despidiéndonos y creo que intentando averiguar qué íbamos a hacer a continuación. Mi padre intentaba convencer a los miembros de su familia de que era el momento de que todos se marcharan, que en 1938, en 1939, la situación era realmente inminente. Habían invadido Polonia. El panorama no era favorable para el pueblo judío. Pero los judíos húngaros habían vivido muy cómodamente en Hungría durante mucho tiempo y se sentían muy a gusto con los vecinos no judíos. Y no podían creer que en un país donde eran relativamente aceptados y libres, se vieran amenazados. Mis padres proceden de familias bastante numerosas, sobre todo mi padre. Su... él era... su madre provenía de una familia de 14, así que había un montón de tías y tíos y primos por todas partes. Por eso creo que dedicaron ese verano a intentar convencer a la familia de que se marcharan, pero fue en vano.
Las personas parecían sentir que estaba demasiado alarmado por lo que iba a suceder. Ellos, después de todo, tenían sus hogares. Tenían sus pertenencias. Tenían su encaje y su terciopelo y sus ropas y sus pertenencias, y estaban muy apegados a estas. Y ellos... a menos que la amenaza fuera realmente inminente, no querían dejarlos. Mi padre tenía una visión muy distinta, y fue algo que nos inculcó durante todos los años que vivió: que los objetos no eran importantes. Lo importante eran las personas. Lo único que de verdad importa es lo que uno lleva en el cerebro y en el corazón. Y eso es totalmente transportable. Y fue algo de lo que se hablaba siempre, porque mis padres se fueron de Italia, y, parecía, desde nuestro punto de vista, que lo habían hecho con facilidad. Estoy segura de que debe haber sido muy doloroso para ellos.
Capítulo 3: Antisemitismo en ascenso
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Barbara: Cuando vivíamos en Niza, tanto mi madre como mi padre trabajaban. Creo que mi madre trabajaba en una especie de cocina de una agencia judía. Uno de los aspectos que quizá le interese conocer de mi madre es que era una mujer muy culta. Cuando era joven, se graduó de la escuela secundaria a los 17 años. Y asistió a la universidad, lo cual era inusual, en 1917, que una mujer judía europea asistiera a la escuela. Tenía su propio apartamento. Y obtuvo un título en química. Era química y farmacóloga, y antes de casarse con mi padre, trabajaba como farmacóloga. Así que era..., era una mujer profesional. Y aquí estaba ahora, en Niza y trabajaba en una cocina. Sufrió una experiencia desafortunada. Se le cayó encima una olla de agua hirviendo. Tuvo quemaduras graves de tercer grado en las piernas. Y fue hospitalizada durante un largo periodo de tiempo.
Mi padre intentó cuidar de nosotras. Éramos muy pequeñas. Y a menudo nos quedábamos solas porque tanto mi padre como mi madre trabajaban. Y Tetsi, que era nuestra niñera, aunque también vino a Niza, también tuvo que ir a trabajar. Quiero decir, no había... no había dinero. No teníamos dinero para llevar. Así que todos tenían que trabajar. Y mi hermana y yo a menudo nos quedábamos solas.
En aquellos tiempos, la situación era muy aterradora porque era el comienzo de la invasión de Italia. Y había ataques aéreos diarios sobre Niza. Y mi hermana y yo oíamos los aviones. No sabíamos qué hacer. Estábamos asustadas.
Así que nos sentábamos debajo de la mesa, porque parecía que recordábamos que nuestros padres nos decían que siempre había que esconderse debajo de algo cuando se oía un ataque aéreo. Así que nos metíamos debajo de la mesa. Y a menudo, cuando mi padre regresaba a casa, nos encontraba allí.
Capítulo 3: Antisemitismo en ascenso
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Barbara: Trujillo tenía experiencia previa con judíos porque provenía de Curazao. Por lo tanto, sabía que los judíos, cuando se les invita a un país, son partícipes, que ayudarán en la economía del país. Así que tenía muchos motivos para abrir sus puertas. Pero a pesar de todo, las abrió. Desafortunadamente, fue necesario mucho tiempo para establecer el mecanismo burocrático mediante el cual los judíos pudieran realmente salir de Europa y llegar a la República Dominicana. Para ello, el Comité Judío Estadounidense para la Distribución Conjunta de la Federación Judía de Bienestar Social y del Llamado Judío Unido (UJA) creó una organización. Y... y tenían una división agrícola. Y fueron a la República Dominicana. Para cuando examinaron las condiciones del terreno y formularon sus recomendaciones sobre cómo iba a desarrollarse todo, se necesitó mucho tiempo, para ser sincera. Y no fue hasta 1940 que un acuerdo real fue firmado por las partes de la República Dominicana y el Comité Judío Estadounidense para la Distribución Conjunta, la división agrícola. Y con ese fin, se creó una organización específica para la República Dominicana, llamada Asociación de Reasentamiento de la República Dominicana [sic]. Y el acrónimo es DORSA. Y hallaron a alguien para ser el jefe de la DORSA. Era un hombre que tenía mucha experiencia agrícola, de inmigración, en Crimea. Su nombre era Rosen y él tenía la idea de que iba a establecer una operación de tipo kibutz en la República Dominicana.
La porción de tierra que fue otorgada a los judíos por Trujillo y...hay...hubo muchas negociaciones al respecto, era un tipo de tierra mas bien rocosa, [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] incultivable. Estaba... estaba en los trópicos. Era una propiedad muy difícil de cultivar. Pero, sin embargo, esta fue la propiedad que se entregó a los judíos, de modo que iban a hacer algo con ella. Pero el Sr. Rosen realmente pensó que... que establecería una situación tipo kibutz. Y lo que buscaba eran judíos con experiencia agrícola. Y eso eliminó de inmediato a la mayoría de los judíos que quedaban en Lisboa porque no eran agricultores. Eran médicos, abogados, comerciantes y contadores. Y sinceramente, no distinguían un extremo de una pala del otro. Pero... pero mi padre obviamente solicitó la entrada a la República Dominicana. Y dijo que, desde luego, tenía experiencia agrícola. Era manipulador de alimentos. Y por supuesto, es posible que no les haya dicho eso. Pero sí les dijo que tenía experiencia agrícola. Y mi madre, que era química, su... su área de especialidad era la caseína, que es un producto lácteo. Por lo tanto, parecía que iban a ser candidatos muy probables. Y de alguna manera u otra, ellos... ellos consiguieron una visa para ir a la República Dominicana. Y...
Entrevistador: ¿Sus padres le dijeron que iban a ir?
Barbara: Ni siquiera lo sé. No lo sé. Lo que sí sé es que los judíos que fueron no tenían ni idea de lo que les esperaba cuando llegaron a la República Dominicana. En primer lugar, se trataba de judíos europeos procedentes de un clima templado. La República Dominicana se encuentra en los trópicos. Así que... creo que habrían aceptado ir a la luna. Solo querían escapar de Europa. Y la República Dominicana también estaba bastante cerca de los Estados Unidos. Así que parecía existir un destello de esperanza en algún punto del camino que les llevaría a Estados Unidos.
Capítulo 5: Conferencia de Evian y La Española
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Barbara: Partimos en mayo de 1941 y viajamos en un barco llamado Nyassa, N-Y-A-S-S-A. Y ese barco fue el último que salió del continente europeo, en mayo de 1941. Y eso es una cuestión de registro. Fue el último barco y viajamos en tercera clase.
El viaje fue pagado por el Comité Judío Estadounidense para la Distribución Conjunta. Pero... porque por supuesto, los judíos que dejaron Europa no tenían mucho... mucho dinero para llevarse con ellos. Por lo tanto, el pasaje era un préstamo del Comité Judío Estadounidense para la Distribución Conjunta, el cual debía reembolsarse con trabajo en una fecha posterior.
Pero sí recuerdo abordar el barco. Y el barco se dirigía a Nueva York, a la isla Ellis. Todos los pasajeros del barco, como dije, íbamos en tercera clase. Así que dormíamos en grandes dormitorios en el fondo del barco. Y voy a... creo que el barco estaba repleto de todos los que deseaban escapar del continente. Desembarcamos en la isla Ellis. No sé... no sé cuánto tiempo estuvimos en el barco, si fue una semana o algo parecido.
Entrevistador: ¿Cómo eran las condiciones en el barco?
Barbara: No lo recuerdo. No lo recuerdo. Voy a suponer que probablemente había mucha gente dondequiera que uno fuera a bordo. Recuerdo estar en la cubierta. Pero eso es todo lo que recuerdo. Sí recuerdo la isla Ellis. Llegamos a la isla Ellis y no estoy segura de cuánto tiempo estuvimos allí. Puede que hayan sido... puede que hayan sido dos semanas. Todos estaban hacinados en la gran sala de la isla Ellis. Era confuso. Había mucho ruido. Lo que sí recuerdo de la isla Ellis es el olor. Había... olores muy extraños. Y... eso es más o menos lo que recuerdo cuando llegué a la isla Ellis.
Cuando estuvimos allí, las familias estaban separadas. Y esta fue realmente la primera vez que mi familia estuvo separada. Mi... mi madre dormía en un dormitorio de mujeres con... con nosotras dos, con mi hermana y conmigo. Y mi padre dormía en el dormitorio para hombres. Y el único momento en que podíamos ver a mi padre era a la hora de comer. Y... y yo... ni siquiera puedo recordar si realmente lo vi en el parque de juegos. Había un parque de juegos y se nos permitía salir al aire libre durante una o dos horas al día. El resto del tiempo, permanecíamos dentro del edificio. Y eso es lo que más recuerdo de la isla Ellis, el parque de juegos. Debió de ser maravilloso para un niño poder salir y respirar aire fresco, porque el ambiente en el interior de la isla de Ellis era de hacinamiento. Y cuando digo que recuerdo el olor, debe..., debe haber sido el aire rancio porque había mucha gente. Y estaban todos amontonados.
Capítulo 6: Un encuentro con la isla Ellis
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Barbara: Mientras estábamos en la isla Ellis, mi padre se puso en contacto con familiares. Mi padre tenía un hermano que vivía aquí en los Estados Unidos, un hermano que vino a mediados de los años 30. Y... y era camarero. Le costaba mucho ganarse la vida. Y francamente, tenía muy poco. Mi madre también tenía un familiar aquí. Y su... creo que era su primo segundo o tercero, algún pariente lejano, evidentemente alguien que llevaba en este país muchos, muchos años. Pero solo tenía el nombre. Y se pusieron en contacto con sus parientes. Mi tío Eugene vino a la isla Ellis a vernos. Y el apellido de la familia era Gold. Vivían en Jamaica... el apellido de la familia de mi madre era Gold. Vivían en el barrio Jamaica Plain. Y eran... dueños de un cementerio. Tenían un negocio funerario.
Y todo lo que sabíamos de ellos era que eran... que su apellido concordaba con su riqueza. Eran muy ricos. Mi madre no los conocía personalmente. Pero vinieron a la isla Ellis a visitarnos y nos trajeron una muñeca a cada una. Quiero decir, eso... eso era la suma total de lo que recordaba sobre ellos por muchos años. Pero nos trajeron una muñeca. Ahora bien, debe saber que mi hermana y yo no trajimos ningún juguete. Cuando nos marchamos de Italia, lo dejamos todo atrás. Y no sé cómo... cómo me sentí al respecto. Y yo... no recuerdo cómo me sentí al respecto. Y probablemente es algo que, de niña, reprimí. Pero todo lo que poseía y que era importante para mí de pequeña tuve que dejarlo atrás. Y es probable que también tuviera pertenencias en Hungría cuando íbamos de visita, pero tuve que dejarlas atrás. Y voy a suponer que también habríamos tenido algunos objetos en Niza. Pero cuando llegamos a la isla Ellis, no teníamos nada en absoluto. Así que estas muñecas se convirtieron en lo más importante del mundo para nosotras.
Entrevistador: ¿Recuerda el nombre de la muñeca?
Barbara: No, no recuerdo el nombre de la muñeca. Pero sí me acuerdo qué le pasó en la República Dominicana. ¡Cucarachas! [Risas]. Se comieron... se comieron el contorno de los ojos. Y no me molestó en absoluto. Me encantaba esa muñeca, y por... me parece que todavía la conservo en alguna parte. Estuve tratando de encontrarla. Y yo... es probable que esté guardada en algún lugar del sótano. Pero conservé la muñeca todos estos años, incluso con los ojos deformados.
Capítulo 6: Un encuentro con la isla Ellis
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Barbara: Sosúa, en... Sosúa en realidad se inició en 1940... en diciembre o... diciembre de 1940. Y así fue... era un asentamiento relativamente nuevo, y era una parte de la propiedad que una vez había sido cultivada por la United Fruit Company. Intentaron cultivar plátanos allí, pero no pudieron. El suelo no era demasiado apto para la agricultura, pero a pesar de todo, este iba a ser el asentamiento. Había algunos edificios que quedaban de la época de United Fruit, y eso era... eso era a finales de los años 20, principios de los 30, así que se trataba de edificios relativamente antiguos. Puerto Plata, en el momento en que llegamos, era mucho más de lo que uno se imagina que es un país tercermundista. Era una parte del mundo muy primitiva, extremadamente primitiva, y muy poco poblada. Sosúa, un pueblo situado a unas 10 millas al este de Puerto Plata, no era más que un pedazo de tierra con unos cuantos edificios de la época de la United Fruit Company. Y lo que iba a suceder es que había un acuerdo entre todos los colonos y la DORSA, que era la Asociación de Asentamiento de la República Dominicana, y el gobierno dominicano para cultivar esta tierra. Y ellos... en realidad íbamos a convertirnos en granjeros, así que nos entregaron un terreno e íbamos a construir un edificio. No había casas, solo había edificios, y las personas se alojaban en ellos. Pero ese era el plan, que todos construyeran una casa. Tendrían un pedazo de tierra y habría un intercambio financiero. Es decir... todos iban a cobrar una cierta cantidad de dinero por el trabajo, pero luego todo ese dinero había que devolvérselo al Comité, a la DORSA.
Y [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] entonces... lo que sucedió cuando llegaron allí, es que tuvieron que empezar a trabajar de inmediato. Todos estos profesionales tuvieron que convertirse en constructores, ya que tuvieron que construir los edificios. Tuvieron que convertirse en agricultores. Tenían que intentar cultivar sus cosechas. Ellos... no había ninguna tienda de comestibles donde se pudiera ir y comprar comestibles. Pero recibieron una vaca y un caballo, así que tuvieron que aprender a ordeñar las vacas, y... y era... era verano cuando llegamos allí... a finales de junio. Y era la temporada de lluvias, así que había barro, y hacía calor. No puede creer el calor que hacía. En los trópicos hace mucho calor, y había bichos, mosquitos y tarántulas. Y estos eran... [RÍE] estos eran europeos que estaban totalmente desacostumbrados a ese tipo de vida y a esa clase de mundo. Y... y mis padres construyeron una casa, y... luego le enseñaré la fotografía de la casa. Y vivíamos en esta pequeña comunidad, y resulta asombroso cómo este grupo de judíos, procedentes de Europa, se asentaron de una forma u otra. Ordeñaban sus vacas, y cocinaban. Teníamos... teníamos una... una cocina conjunta. Todas las mujeres se turnaban para cocinar para todos. Teníamos un comedor común y comíamos todos juntos. Las casas no tenían cocinas individuales. Era realmente una vida en comunidad.
Y... y cultivaban. Sus cultivos no tuvieron éxito. De hecho, tuvieron muy poco éxito. Intentaron cultivar tomates. La cosecha de tomates... fracasó. Estaban... se dedicaban a cavar. Cuando llovía, había barro que llegaba hasta la parte superior de sus botas. Y estos hombres, no estaban acostumbrados a trabajar en este suelo arenoso, lleno de conchas de mar. Era una zona escarpada y rocosa, y trabajaron muy, muy duro. Y no solo trabajaron muy duro con aquel calor increíble, sino que las personas contrajeron enfermedades.
Capítulo 7: La vida en Sosúa
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Barbara: Como mencioné, había... había muchas personas que estaban gravemente enfermas y que empeoraron gravemente. Intento recordar un par de experiencias en Sosúa, y una de ellas fue nuestra experiencia de ir al baño, porque, por supuesto, teníamos letrinas. Y nos dijeron que nunca... a los niños nos dijeron que nunca debíamos ir al baño solos, porque había tarántulas alrededor. Y... pero ya conoce a los niños, son capaces de cualquier cosa. Y recuerdo ir al baño y ver una enorme tarántula y gritar y chillar, y ellos vinieron y le dispararon. Pero era... y todas las noches, cuando nos íbamos a dormir, dormíamos bajo mosquiteros. Y cada noche, antes de ir a dormir, había que deshacer la cama para asegurarse de que no había tarántulas bajo las sábanas o cualquier otro tipo de bicho, porque ahí es donde se escondían. Se escondían debajo de lugares húmedos y oscuros. Así que tuvimos que asegurarnos de que... que despejábamos toda la zona de cualquiera de estos insectos.
Capítulo 7: La vida en Sosúa
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Barbara: [Los colonos] tenían disentería, y sufrían terribles picaduras..., picaduras de los animales, de los... mosquitos y de los bichos voladores. Y... y ellos... y ellos contrajeron malaria y enfermedades cardíacas. Mi madre se enfermó gravemente del corazón. Y el médico le advirtió que si no abandonaba este clima, no sobreviviría. Así que mis padres, una vez más, tuvieron que recurrir a la creatividad. Llegaron a un acuerdo con la DORSA, la Asociación de Asentamiento de la República Dominicana, para abrir un lugar «R&R» (de descanso y relajación), un pequeño hotel en las montañas. Sucede que... que la República Dominicana tiene la montaña más alta de las Indias Occidentales. No es tan alto, pero desde luego no estaba al nivel del mar, como Sosúa.
Capítulo 8: Jarabacoa: Un refugio en las montañas
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Barbara: Teníamos que ayudar [en el hotel]. Y todos los días, uno de mis trabajos era ir al río. Y el hotel estaba en lo alto de una colina, y yo tenía que bajar al río con un niño dominicano, dos burros y con barriles de agua a ambos lados de los burros, y mi trabajo consistía en bajar al río todos los días por agua y traerla de vuelta allí arriba. Nuestra casa también tenía una cisterna y, en aquel momento, parecía una cisterna enorme. Y... obteníamos parte del agua de la cisterna.
Nuestro hogar era muy primitivo. Tenía un piso, y... y había... había varias habitaciones. Era un hotel pequeño y había varias habitaciones para los huéspedes. Y una de las tareas que teníamos que hacer era, ya sabe, como he dicho, ayudar a hacer las camas y barrer el suelo, cuidar de los animales, porque el único medio de transporte eran los caballos. No disponíamos de otro medio de transporte, así que todos teníamos nuestros propios caballos. Y teníamos que ayudar con las... con las vacas. Teníamos que ayudar con el ordeño, porque eso es lo que nos suministraba el queso. Mi madre elaboraba el queso, y puedo recordar que tenía un tendedero, y puedo recordar el queso y el... el producto lácteo en el paño, y todo el día, goteaba sobre... sobre el suelo de barro con grandes gotas de leche que caían por todas partes.
Teníamos pollos, que matábamos nosotros mismos, porque así... así conseguíamos comida. Y así teníamos ganado, teníamos nuestras gallinas, y compramos algunos cultivos, aunque teníamos una finca, una granja en la que los dominicanos trabajaban y cultivaban algunas cosechas para que las usáramos en la cocina. Y con el tiempo, adquirimos otras dos casas adyacentes a la primera. Y también eran para los huéspedes, así que a medida que pasaba el tiempo, cada vez recibíamos más huéspedes. Y... y era una vida muy interesante para una niña. Pasábamos los días montando a caballo, trabajando y jugando con los niños dominicanos, corriendo descalzos y gozando de lo que, en aquel momento, parecía... ¡y lo era! Era una vida maravillosa. Era una vida de paz.
Capítulo 8: Jarabacoa: Un refugio en las montañas
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Barbara: Como usted... como usted sabe, la escolarización es sumamente importante. Y como vivíamos en esta parte aislada del mundo, mis padres tuvieron que buscar una escuela adecuada. Y lo que encontraron fue algo que era... lo más cercano era una escuela en un pueblo llamado La Vega, que voy a suponer que está a unas 25, 30, 40 millas de Jarabacoa, montaña abajo.
Y es una... una escuela dirigida por monjas católicas, monjas de España. Así que mi padre les escribió para preguntarles si sus hijas podían asistir a esa escuela. Y la respuesta de la Madre Superiora fue afirmativa, podíamos ir a la escuela. Sin embargo, había algunas estipulaciones. Teníamos que ir a la iglesia todos los días. Teníamos que asistir a catequesis todas las semanas. No era necesario que comulgáramos, ni que nos bautizaran, y nadie debía saber que éramos judías porque no iba... no iba a ser bueno para nosotras, pero quería que fuéramos a la iglesia todos los días porque no quería las burlas de... no quería que los otros niños se burlaran de nosotras. Y no quería que nos distinguiéramos de los demás niños. No le parecía que eso fuera bueno.
Entrevistador: ¿Cuántos niños judíos asistían a la escuela?
Barbara: Éramos nosotras. Mi hermana y yo éramos los niños judíos. Y así, en septiembre de 1942, mi hermana, mi madre y yo nos subimos a caballo, porque era nuestro único medio de transporte, con nuestras pocas pertenencias. Y fuimos a caballo hasta... hasta la escuela. Ahora debo decirle que probablemente era la primera vez que veía monjas con el hábito completo. Y esa fue una experiencia bastante aterradora para una niña de no más de cinco años. Y... y entonces yo estaba... estaba muy asustada por la experiencia. Además, tenía un aspecto muy austero. Todos los niños vestían uniforme. Y era un internado, por supuesto. Mis padres nos iban a dejar en esa escuela. Ahora,... algo que siempre había sucedido, era que mis padres siempre estaban con nosotras en todos nuestros viajes, desde Italia, a Hungría, a Niza, a Lisboa, a la isla Ellis, a Sosúa. Había algo que era permanente en mis 4 años y medio de existencia, y era tener a mi madre y a mi padre. Y aunque el mundo a mi alrededor se desmoronara y cada año estuviera en un país con un idioma diferente, mis padres siempre estaban ahí. Y ahora nos dejaban en un país extranjero con un idioma extranjero y con personas que parecían muy, muy diferentes. No conocíamos a nadie y fue muy, muy traumático.
Capítulo 9: Una educación católica
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Barbara: La escuela era... era realmente una escuela maravillosa. Las monjas eran cálidas, cariñosas, atentas, bien educadas. Mi hermana y yo tuvimos una maravillosa, maravillosa educación en la escuela. Jugábamos a juegos increíbles en la escuela. Había una... había una maravillosa estatua de la Virgen María en el patio. Y ahí jugábamos a juegos de persecución, y la Virgen María participaba. Es decir, teníamos que tocarla para... y entonces... nos escondíamos debajo de los bancos. Y había una gruta en la... cuando entraba por primera vez a la escuela, había una hermosa, hermosa gruta. Y me paraba en la gruta porque estaba cubierta de hojas verdes y velas... y era maravillosa y hermosa.
Y aprendí a amar ir a la iglesia cada mañana. Hay... hay una mística sobre la iglesia católica, y en particular la iglesia católica en los países latinoamericanos porque es... se practica a la manera antigua. Hay... el... el cura aparece con sus trajes muy elegantes y seguido de monaguillos con incienso, y la iglesia se llena de incienso. Y para una niña pequeña que era arrastrada de aquí para allá, representaba estabilidad. Y recuerdo que me encantaba el olor del incienso en la iglesia. Y me encantaba... me encantaba la... la regularidad de la vida. Me encantaba saber lo que tenía que hacer cada día y quién iba a estar allí. Había cierta permanencia. Rara vez salíamos de la escuela. La escuela... dormíamos allí. Comíamos allí. Nosotras... nosotras, obviamente, íbamos a la escuela. Recibía clases de piano en la escuela. Jugábamos en el patio. Y todo estaba dentro de las puertas de la escuela. Había... había como una valla alta alrededor de toda la propiedad, que la separaba totalmente del resto del mundo. Y era... era como estar en un refugio. Y durante tres años fuimos a la escuela en este refugio. Y... me brindó una estabilidad que nunca antes había conocido. Y me encantó.
[...]
Entrevistador: Durante ese tiempo, ¿sentía alguna identidad judía?
Barbara: Sabía que era judía. Nunca se lo dije a nadie.
Capítulo 9: Una educación católica
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Barbara: Nos... nos quedamos en la República Dominicana hasta 1945. Durante nuestra estadía ocurrieron varias situaciones para mis padres. En primer lugar, mi madre, como le dije, era química. Había trabajado con la caseína, con productos lácteos. Tenía las fórmulas de perfumes y estaba en contacto con el gobierno dominicano porque iban a fundar una empresa y ayudarla a emprender. Ella les había dicho que esto era... que esto sería algo muy bueno para la economía del país. De un modo u otro, y no sé por qué, no funcionó. Así que ella nunca comenzó la... la industria del perfume, o el negocio de perfumes. Aún conservo su cuaderno lleno de fórmulas químicas. Pero debido a eso, necesitaba algunos productos químicos. Necesitaba material adicional. Así que escribió a un periódico judío en los Estados Unidos en el área de Boston, o Boston... probablemente Nueva York. No recuerdo dónde. Y publicó un anuncio en el que pedía libros de química porque necesitaba, no sé, calcular la fórmula. De una forma u otra necesitaba hacer algo con... con su título de química.
Por aquel entonces vivía en Boston una vieja amiga de la infancia de mi padre y de mi madre. De hecho, ella había salido con mi padre cuando era joven. Y ella envolvía paquetes para mandar a Europa. Había venido... ella, su marido y su hijo... se llamaba Elenor Mayer. Su marido se llamaba Eugene Mayer, y su hijo George. Habían llegado a los Estados Unidos a mediados de los años 30. Y su vida era muy difícil en Boston. Vivían en un apartamento pequeño ubicado en el último piso de un edificio, y ella... era costurera, y trabajaba en... no sé... una fábrica de sujetadores, algo así. De todos modos, mientras envolvía paquetes para enviarlos a Europa, le llamó la atención un nombre: Bandler. Y ella leyó el anuncio, y contactó de inmediato a mis padres. No sé en qué año fue esto. No sé si fue en 1942 o en 1943. No lo sé. Pero sé que mis padres obviamente le preguntaron qué podía hacer para ayudarnos a llegar a los Estados Unidos.
En lo que respecta a mis padres, y quizás a la mayoría de las personas que fueron a Sosúa, que buscaron un refugio en la República Dominicana, apenas llegaron allí supieron que su vida, en el futuro, no estaría en la República Dominicana. Que si... si la guerra terminaba, cuando la guerra terminara, de alguna manera u otra lograrían regresar. Esto era, como he dicho, una tierra muy primitiva. Y no era aquí donde estos europeos se veían a sí mismos para el resto de sus días, mi padre incluido. No solo eso, sino que en Jarabacoa no iba a haber una vida judía para sus hijos, ni tampoco una verdadera educación judía. La educación que estaban... que estábamos recibiendo estaba bien por ahora. Pero, por supuesto, mis padres no iban a quedarse aquí mucho tiempo. Así que le pidieron de inmediato a su amiga que empezara a trabajar para conseguir que entráramos en los Estados Unidos.
Mi tío Eugene, a quien vimos cuando estuvimos en la isla Ellis, no pudo ayudarnos porque... era camarero. Vivía... vivía en una habitación alquilada y amueblada. No tenía... no tenía contactos. Tenía dificultades con el idioma. No estaba en condiciones de ayudarnos realmente. La prima de mi madre, que también... que nos dio las muñecas en la isla Ellis, no quisieron ayudarnos.
Y así Elenor Mayer, ya que fue nuestro primer contacto, y ella... ella era una señora estupenda. Y aunque no tenían los fondos ni los conocimientos para ayudarnos a llegar a este país, ella conocía a alguien que sí los tenía. Asistía a una sinagoga en Roxbury, Boston, Massachusetts. Y el cantor allí era un hombre llamado cantor Glickstein. Y él era... no solo era un chazán, sino que era... era como el líder de la comunidad judía húngara. Y era... era como un tzadik. Era un gran hombre. Era una persona maravillosa, cálida y cariñosa. Y ella le imploró que averiguara qué podía hacer para traernos a este país. Y así comenzó todo. Mi padre empezó una vez más, ya sabe, con las cartas de referencia, donde escribía sobre quiénes somos y a qué nos dedicamos, y que mi madre es química, y farmacóloga... y que él es... dueño de un hotel, y que sería capaz de dirigir un hotel, y que no sería una carga para nadie en este país, que iría allí y sería un ciudadano ejemplar... que seríamos ciudadanos ejemplares dignos de vivir en los Estados Unidos.
Capítulo 10: Carta de Boston
Transcripción
Barbara: En 1945, obtuvimos una visa que... y decía que... indicaba que habíamos sido aceptados. Éramos elegibles para venir a este país [Estados Unidos].
Entrevistador: ¿Cómo fue el viaje?
Barbara: Recuerdo que mi... mi hermana y yo no sabíamos nada de esto. Quiero decir, todo lo que sabíamos... era que las vacaciones de verano se acercaban. Y esto fue en la primavera de 1945. Se acercaban las vacaciones de verano, y que regresaríamos a Jarabacoa y tendríamos una vida con nuestros caballos y... y las personas que nos gustan allí, y los huéspedes de Sosúa. Y usted sabe, una cosa que quiero decir, es que mis padres tenían una radio en Jarabacoa. Ese era el único contacto. Quiero decir, estaban... Quiero decir, está realmente lejos de la civilización, muy lejos. Pero ellos... tenían contacto por radio, así que sabían lo que estaba pasando en el mundo exterior, y estoy segura de que estaban muy atentos a lo que ocurría.
Pero de todos modos, mi hermana y yo, no creo que supiéramos que nos íbamos. Mis padres... según recuerdo, mis padres vinieron a caballo a la escuela y nos fueron a buscar, y luego tomamos un autobús desde la escuela hasta Ciudad Trujillo, que es la capital en la parte sur de la isla. Y desde allí tomamos un avión. Y cómo... qué clase de arreglos, quién hizo los arreglos, quién lo pagó, no tengo idea. Voy a suponer que el cantor Glickstein [de la sinagoga Mayer] recaudó algo de dinero y... y pagó nuestro pasaje.
Y así, el 1 de junio de 1945, dejamos la República Dominicana, francamente, la única estabilidad que recordaba en mi corta vida,... y nos fuimos. Y vinimos a los Estados Unidos. Aterrizamos en Miami, sin saber una palabra de inglés. Nos recibió mi tío Eugene, que vivía allí. Y nos quedamos en Miami... unas dos semanas. Recuerdo que nos hospedamos en un hotel llamado Neron Hotel, frente al océano, cerca de la primera o segunda avenida de Miami. Y fueron dos semanas maravillosas porque jugamos y nadamos en el océano. Y... y no sé... de niña, no sabía lo que nos esperaba. Pero como nuestros patrocinadores eran de Boston, era lógico que fuéramos a Boston.
Capítulo 11: Boston: nuevos desafíos
Transcripción
Barbara: Fue la primera experiencia de mis padres con trabajadores sociales, porque a partir de ahí, la Federación Judía de Bienestar Social se encargó de ayudarnos. Quiero decir, que... que es quien manejó nuestras vidas los primeros años que estuvimos aquí en este país, la Federación Judía de Bienestar Social. Bien,... una de..., una de las medidas que la Federación Judía de Bienestar Social quería tomar era encontrarles empleo a mis padres. Y cuando mis padres fueron contratados... porque llegamos aquí el 1 de junio, así que a mediados de junio ya estábamos en Boston. No había ninguna escuela. No teníamos dónde vivir. Mis padres consiguieron trabajo en un... en un centro turístico llamado Bretton Woods. Y... pero la condición era que no trajeran a sus hijos. Así que los trabajadores sociales que recibieron a mis padres en Boston les dijeron que teníamos que estar... que teníamos que ir a hogares de acogida. Y mi madre estalló. Dijo que no había traído a su familia y la había arrastrado desde todos los rincones de Europa hasta la República Dominicana, hasta el paraíso de los Estados Unidos, para enviar a sus hijas a un hogar de acogida. Y ella no quería oír nada de eso. Esa fue... la primera experiencia de mi madre con trabajadores sociales. A partir de ese día, al mencionar a los trabajadores sociales a mi madre, [RÍE] ella no estaba muy contenta con ellos. Pensaba que era una decisión equivocada.
Pero de todos modos, tuvimos que... tuvieron que encontrar un lugar para nosotras. Y lo que hicieron fue encontrar un campamento de verano para nosotras en Nuevo Hampshire llamado Camp Eden. Y cuando mis padres se fueron a trabajar a Bretton Woods, a mi hermana y a mí nos subieron a un tren que nos llevó al Camp Eden, que estaba en los bosques de Nuevo Hampshire. Y fue la segunda experiencia más traumática de nuestras vidas porque mi hermana y yo aterrizamos allí y no sabíamos ni una palabra de inglés. Nadie sabía español. No conocíamos a nadie y estábamos separadas de nuestros padres. Y mi hermana y yo nos quedamos allí en el andén, y solo... sollozamos y sollozamos durante... bueno, pasaron días antes de que alguien pudiera separarnos la una de la otra. Fue una experiencia singularmente aterradora estar allí con todos estos extraños.
Entrevistador: ¿Cuántos años tenía entonces?
Barbara: Tenía 8 años y medio. Sí. 8 y 1/2, casi nueve.
Capítulo 11: Boston: nuevos desafíos
Transcripción
Barbara: ...en septiembre, cuando nos fuimos a vivir a Boston, mi hermana y yo empezamos la escuela. Comencé el cuarto grado. Mi hermana debe haber empezado el octavo grado. Voy a adivinar. No me acuerdo. Pero de todos modos, yo empecé el cuarto grado.
Mis padres fueron a trabajar. Mi madre trabajaba en una fábrica de chocolate... Schrafft's. Y lo pasó muy mal, porque no solo no hablaba inglés,... quizá para entonces ya sabía algunas palabras... sino que sus compañeros de trabajo la llamaban «novata» y le decían de todo tipo de comentarios negativos. Los refugiados no eran tratados con amabilidad. No sé si era porque les quitaban empleo o porque se sentían amenazados... eran una amenaza para los ciudadanos. Pero de todos modos, no fueron muy amables con ella.
Mi padre empezó a trabajar como chef. Mi padre sabía mucho de hoteles, pero no sabía mucho de cocinar, porque mi madre, en la República Dominicana, era quién preparaba todas las comidas. Pero fue el único trabajo que pudo conseguir. Y así fue despedido de un lugar tras otro. Lo... lo contrataban. Él decía que era un chef del continente y lo contrataban. Y él y mi madre estudiaban recetas por la noche. Y cuando trabajaba durante el día, miraba lo que hacían otros chefs e intentaba copiarlos. Y luego lo despedían. Así que tuvo varios trabajos ese primer año.
Y como digo, su uso del idioma era muy deficiente. Y el uso de mi madre también era deficiente. Y... y ellos... lo pasaron muy mal. Vivíamos en una habitación en un pequeño apartamento amueblado en Back Bay, Boston. Y todo... toda la ropa que teníamos... todo provenía de la federación benéfica judía. Nosotros... nada era nuestro. Al cabo de varios meses, mis padres juntaron suficiente dinero para que mi padre llegara a casa una noche con una radio nueva. Y usted pensaría que era lo mejor del mundo entero. Estábamos tan entusiasmados con esta radio. Pero... la vida era difícil. De una forma u otra superamos ese primer año en Boston. Fue un invierno horrible y frío. [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] Si lo recuerda, estábamos en la República Dominicana, donde hacía [RÍE] mucho calor. Y de repente, estábamos en Boston donde hacía un frío miserable y había viento y lluvia. Y... todos sufrimos terriblemente ese primer invierno.
Capítulo 11: Boston: nuevos desafíos
Transcripción
Barbara: De todos modos, al regresar a Nueva York, descubrimos que mi primo... mi primo Panni y mi primo Oscar estaban vivos y... y mi... que eran los hijos de mi tío que ya vivían aquí en este país. Y no estaba en condiciones de cuidar de ellos. Mi prima tenía menos de 18 años y pudo venir a este país justo después de la guerra. Pero no tenía adónde ir, así que vino a vivir con nosotros. Vivíamos en un pequeño apartamento amueblado. Y mi prima vino a vivir con nosotros. Ella había sufrido mucho durante la guerra. Había perdido a su madre.
Su hermano no estaba. Su padre no estaba. La llevaban de un sitio a otro. Ella realmente... sufrió mucho. Cuando vino a vivir con nosotros, no tenía nada. Ella no había... no había conocido ningún tipo de puerto seguro durante... durante muchos años. Su cumpleaños es el 6 de noviembre, y ella vino a vivir con nosotros en algún momento en septiembre u octubre. El 6 de noviembre, mi madre le hizo un pastel de cumpleaños [PAUSA DURANTE 5 SEGUNDOS] y salió a comprarle un suéter nuevo. Ella no tenía nada nuevo. [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] No había tenido nada en muchos años. [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] Y nos impactó a todos. [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] En fin, llegó aquí con 17 años y no había ido a la escuela. Y por supuesto, al venir a este país, no podía ir a la escuela, porque tenía que ir a trabajar. Así que tenía menos de 17 años. Tenía menos de 18 y empezó a trabajar. Ella sabía coser, y fue a trabajar en una fábrica de sujetadores. Pero vivió con nosotros muchos años. Y aún es como una hermana mayor para mí. Ella es... una persona muy especial. [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS].
En cuanto a nuestra familia en Hungría, cuando supimos quién estaba vivo, mi padre de inmediato... mi padre y mi madre... comenzaron a enviar paquetes a Hungría de inmediato. Y esos paquetes los mantuvieron vivos. Porque después de la guerra, no tenían nada. Así que mis padres, con el poco dinero que ganaban... recuerde, vivíamos en un apartamento amueblado con toda nuestra ropa procedente de la federación de bienestar social. Pero mis padres utilizaron todo el dinero que tenían y compraron cacao. Y compraron café. Y compraron medias de nailon... cualquier producto que la familia en Europa pudiera vender... no para usar ellos mismos, sino para vender... y usar el dinero para lo que fuera. Y recuerdo que cuando tenía... no sé, quizá nueve, diez u once años... durante esos años... les decía a mis padres que quería ropa nueva como las otras chicas del colegio. Quiero decir, yo parecía una refugiada. Y... [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] y mi padre dijo que, ya sabe, que cuidar de nuestra familia era lo más importante.
Capítulo 12: Viejos sueños, nuevas lecciones
Transcripción
Barbara: En algún momento durante el año...bueno,... el otoño del año que nos mudamos a Nueva York fue el final de la guerra... y mi... recibimos noticias de nuestra familia en Europa. Y nos enteramos de que, bueno, en realidad, fue el... lo siento. Tengo que volver atrás. Fue cuando vivíamos en Boston. Eso fue en 1945. Fue entonces cuando recibimos noticias de nuestra familia en Europa. Y el primer telegrama que recibimos fue que nuestra familia en... en Budapest, el hermano de mi padre y su esposa e hijo estaban vivos, pero que la familia de mi madre, ellos no... no habían escuchado nada sobre la familia de mi madre. Vivían en Győr. No vivían en Budapest. Sabíamos que los judíos de los barrios periféricos de Budapest fueron asesinados. Se los llevaron a todos. Y luego recibimos... el siguiente telegrama que recibimos fue que mi abuela también había muerto. Y mi... pero ella murió justo después de la guerra. No murió durante la guerra. Y creo que murió de una hemorragia cerebral. Yo... no puedo recordar. Pero... pero recuerdo que mi padre estaba devastado por la noticia. Y fue la única vez que vi llorar a mi padre. Cuando recibió el telegrama, rompió a llorar. Él solo... que su... su familia había sido diezmada. [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] La hermana de mi madre... después supimos que la hermana de mi madre, la sobrina y su hijo también fueron asesinados en Auschwitz.
Entrevistador: ¿Cómo se llamaban?
Barbara: La hermana de mi madre se llamaba Elizabeth... Erzsebet Steiner... Vamosi Steiner. Y mi prima se llamaba Klari Steiner, y... estaba casada. Y no puedo recordar cuál era su nombre de casada. Y tenía un hijo, y fueron... fueron asesinados. Creo que su marido también fue asesinado.
Entrevistador: ¿Recuerda usted esta noticia?
Barbara: No recuerdo las noticias. Recuerdo a mi padre... recuerdo la devastación total de mi padre. Voy a suponer que yo... mi madre también estaba devastada, pero es probable que... para una niña... seguramente me impactó tanto que mi padre se derrumbara. Mi padre nunca se derrumbaba. Y a lo largo de todas... todas... todas nuestras travesías, fue el hombre más decidido. Era... era un hombre que averiguaba todos los hechos, y luego seguía adelante pasara lo que pasara.
Él no... no miraba atrás. Tomó una decisión, y esa decisión fue... eso fue todo. Fue la mejor decisión que pudo tomar en ese momento, y siguió adelante. Y ya sabe, verlo derrumbarse, debí... al ser una niña, debí quedarme de piedra al verlo derrumbarse y llorar. Nunca... nunca percibí en él ningún tipo de debilidad. Era un hombre duro cuando se trataba de... de todo... cuando se trataba de educarnos, cuando se trataba de disciplinarnos. Era muy rígido en su disciplina. Tenía grandes expectativas para sus hijas. Teníamos que hacer nuestro mayor esfuerzo todo el tiempo. Y no había excusa para no hacerlo. Siempre quería que funcionáramos al máximo. Y lo hizo para preservarnos. Él... creo que sabía que eso era lo que... lo que lo mantenía vivo... ser una persona fuerte y decidida. Y eso es lo que nos transmitió a nosotras.
Capítulo 12: Viejos sueños, nuevas lecciones
Transcripción
Barbara: En 1950 [sic: 1990], oímos que iba a haber una reunión en Sosúa. Así que mi hermana y yo decidimos que era un buen momento para regresar y descubrir cómo estaba nuestra vida, dónde la habíamos dejado, y renovar amistades, y simplemente... regresar y retomar algunos pedazos de esa vida. Y así, en junio de 1990, fuimos a la reunión número 50. Había... quedan muy pocos judíos en Sosúa.
[...]
Quieren asegurarse de que el mundo recuerde que Sosúa desempeñó un papel muy importante al salvar la vida de esos pocos cientos de judíos. Desafortunadamente, podría haber salvado la vida de 100,000 judíos, pero es evidente que no pudo ser. Pero debemos nuestras vidas al hecho de que Sosúa exista. Y por eso este museo lo conmemora. Durante esta conmemoración, el jefe del gobierno fue invitado al servicio de Sabbat que celebramos. Y en ese momento, las personas se levantaron para [PAUSA DURANTE 3 SEGUNDOS] hablar de su gratitud al país por abrir sus puertas, que este pequeño país del Caribe, insignificante, que parecía un pequeño país insignificante del que nadie había oído hablar antes, abriera sus puertas y salvara a estas personas. Y no hay uno de ellos que no esté enormemente agradecido al... al gobierno de la República Dominicana por salvarles la vida.
También volvimos a Jarabacoa. Fuimos... bueno, caminamos... recorrimos Sosúa. Y la escuela, la Escuela de Cristóbal Colon aún funciona, es una escuela en funcionamiento, y en su mayoría para niños dominicanos. Pero todavía es apoyada por la comunidad judía de Sosúa. También... volvimos al colegio católico donde yo estudié, a La Escuela de Inmaculada Concepción. Y sigue... sigue ahí. Es... se ha ampliado. Pero ya no es una escuela. Ahora es solo un lugar para... para que asistan las monjas. Pero todo lo que recordábamos aún está allí. La iglesia sigue ahí. Y la gruta sigue ahí. Una experiencia... que... que recuerdo tan claramente cuando era niña allí. Mi madre vino a visitarnos una vez. Y debió de ser por la época de las Altas Fiestas. Y como ya he dicho, obviamente no celebrábamos las Altas Fiestas porque vivíamos en un pueblecito remoto. Y mi madre vino a visitarnos. Y dijo que quería ir a la iglesia. Y yo le pregunté, ¿por qué quieres ir a la iglesia? Y ella respondió que necesitaba... sentía que necesitaba estar en una casa de oración y que no importaba realmente qué casa de oración fuera. Y fue... fue algo que yo... que recuerdo por completo. Y sabe, es probable que sea otra cosa que nos une al judaísmo, que cuando estás totalmente aislado de tu pueblo, eso es... es como si te cortaran el brazo. Y seguramente fue así como se sintieron mis padres en Jarabacoa, totalmente separados de su pueblo. Y es probable que ese fuera otro motivo por el que quisieron venir a los Estados Unidos, porque tenemos un motivo y una necesidad de estar juntos, de tener un sentimiento de Klal Yisrael, de estar juntos con el pueblo de Israel.
Capítulo 13: Mirar hacia adelante
Transcripción
Barbara: En Nueva York, mi padre consiguió un puesto de trabajo en Detroit. Así que otra vez, ese verano en Nueva York fui a un campamento de verano. Mi madre fue a trabajar. Mi prima se fue a trabajar. Y... y terminamos en septiembre en otra ciudad, y en una nueva escuela, y con nuevos compañeros. Y de nuevo, todos vivíamos en un apartamento muy pequeño y amueblado en... en Detroit. Y empecé la escuela en Detroit. Y mi madre fue a trabajar al Centro Comunitario Judío como cocinera. Y el motivo por el que quiero mencionarlo es porque los judíos del Centro Judío no creían que ella era judía. Y recuerdo a mi madre cuando regresó a casa, y estaba en total incredulidad. Dijo que no entendía a estos judíos estadounidenses. [RÍE]. ¿Qué pensaban? Mi madre no hablaba yidis. Mis padres estaban... en... en Hungría, no todos hablaban yidis como los judíos rusos y polacos. Todos hablaban yidis. Pero los judíos húngaros no lo hacían, así que mi madre no sabía yidis. Y los judíos con los que tuvo contacto en Detroit hablaban yidis, y ellos... ellos no... nunca conocieron a un judío que no hablara yidis. Por lo tanto, ellos... [RÍE] no creían que fuera judía. Tampoco querían oír hablar de sus experiencias. Y... y la llamaban novata. Los otros judíos la llamaban novata.
Y de hecho, esa... esa ha sido la experiencia de mi madre en este país... fue que le hicieron sentir muy consciente de que era una novata, y de alguna manera u otra, no tan buena como los demás. Y para ser sincera, ella era más educada que la mayoría de ellos.
Capítulo 14: La vida como adolescente estadounidense
Transcripción
Barbara: Ella [la madre de Barbara] y mi prima [Panni] trabajaban en el Centro Judío, y mi padre trabajaba de cocinero. Y con el tiempo, después de haber sido despedido de tantos puestos de trabajo de Boston a Nueva York y luego trabajando como cocinero en Detroit, él... él es un hombre increíble. Era un hombre increíble. Sin duda se convirtió en un gran chef. Y tuvo trabajos en Detroit en los clubes de campo más prestigiosos. Él era el jefe de cocina en esos clubes de campo.
Y es... es algo asombroso que este hombre, que realmente fue de un lugar a otro, tuvo el coraje suficiente, de alguna manera u otra, para aprender algo y aprenderlo bien, y ser el mejor. En medio de todo, se rindió. Estaba en su... bueno, en 1945 cuando llegamos a este país tenía 43 años. Así que en 19... para 1950, decidió que ya no quería ser chef. Porque de nuevo, debido a la familia... y la vida familiar es muy importante para mis padres. Mi padre sentía que, como chef, trabajaba todos los días festivos, todos los fines de semana. Y de nuevo, él no trasladó a su familia por todo el mundo para no pasar tiempo con nosotras. Sus hijas estaban creciendo y él quería pasar más tiempo con nosotras.
El motivo por el que incluyo esto aquí es para compartir con ustedes la increíble determinación de este hombre. Publicó un anuncio... leyó un anuncio en el periódico para vendedores en el sector de especialidades publicitarias. No conocía nada sobre el sector de especialidades publicitarias. Pero respondió al anuncio. Y se trataba de alguien en Nueva York que estaba contratando. Y... y él... dijo que quería hacer esto. Le enviaron un montón de muestras y tenía que llamar a los clientes. Ahora bien, él no tenía antecedentes sobre qué hacer, cómo hacerlo, cómo actuar. Pero leyó todo el material. Y vaya que ese hombre se lanzó y se convirtió en vendedor. Empezó a vender publicidad especializada, y le fue bastante bien. Pero le permitió tener tiempo libre. Tenía los fines de semana y las vacaciones libres. Y él... llamaba a los clientes, y decía... decía quién era por teléfono. Y ellos respondían «bueno, yo... te reconozco por tu acento». Y mi... mi padre decía: “¿qué acento? Yo no tengo acento”. Y él era... era la persona más decidida del mundo. Era increíble.
Y mi madre comenzó a trabajar para Burroughs Adding Machine, en la cocina. Siempre trabajó en la cocina. Y luego ella enfermó del corazón y contrajo diabetes. Y por desgracia, ambos murieron muy jóvenes. Mi madre... mi padre tenía 62 años. Mi madre tenía 66. Y así ellos... ellos nunca alcanzaron los años en los que habrían disfrutado de algunos placeres de la vida. Pero dejaron un gran legado con sus hijas».
Capítulo 14: La vida como adolescente estadounidense
Transcripción
Barbara: Yo... como dije, crecí. Me casé. Fui a la universidad. Creo que... creo que mis experiencias de la guerra han impregnado mi vida de muchas maneras, quizá en la forma en que crie a mis hijas, al sentir que la educación era importante, que la música era importante, que la lectura era importante, que ser un individuo fuerte es... es... algo muy importante, y que la familia y la unidad de la familia son realmente importantes. Durante todos los años que estuvimos viajando de un lugar a otro, aunque yo estaba separada de toda la familia que vivía en Europa, ellos estaban con nosotros todos los días. Cuando era niña y durante todos los años de mi infancia, cada noche, al acostarnos, mencionábamos los nombres. Decíamos: «Dios bendiga a la tía Berzy y al tío Arpad, a Imre, a Oscar, a Pearl, y a Oscar y... y... a Panni y a nuestros abuelos». Nombrábamos a todos los miembros de nuestra familia, de modo que cuando algunos de ellos vinieron aquí en 1956 tras la Revolución Húngara, aunque no los había visto desde que tenía tres años, los conocía. Habían formado parte de mi vida cotidiana durante todos los años de mi infancia, de modo que cuando vinieron mi primo Imre y mi prima Munci, eran... por supuesto que los conocía. Formaban parte de mi vocabulario.
Capítulo 15: Saber de dónde vienes