Los nazis ocupan Pabianice

Henry Lowenstein

Jack Adler

A medida que las tropas alemanas avanzan hacia el este en Polonia, los preceden las noticias del trato brutal hacia los judíos. Las fuerzas nazis llegan a Pabianice el 8 de septiembre. Jakob Grynsztejn, un ciudadano judío de Pabianice, recuerda los primeros días de la guerra:

1.º de septiembre de 1939. Era viernes. Todo estaba preparado para celebrar el sabbat. El mercado estaba lleno de campesinos y amas de casa haciendo las compras. Las fábricas funcionaban como de costumbre; sin embargo, todo era diferente. Se estaban cavando zanjas para protegernos de los ataques aéreos. El olor a la guerra estaba en el aire.
[...]
Durante todo el domingo, la ciudad se inundó de refugiados de otras ciudades y pueblos que trajeron noticias tristes. Respondieron todas las preguntas diciendo lo mismo: Judíos, no se queden quietos. Corran mientras todavía hay tiempo. El domingo de noche, todas las carreteras estaban llenas de refugiados de Pabianice que abandonaban la ciudad: judíos y cristianos, policías, funcionarios públicos, jóvenes y ancianos e incluso pacientes recién salidos de sus camas.

El 8 de septiembre, Jack presencia la llegada de las fuerzas alemanas. El entusiasmo con el que los habitantes polacos de la ciudad reciben a los ocupantes alemanes es sorprendente. Algunos de los que saludan en las calles son vecinos; algunos, incluso, son considerados amigos de la familia de Jack.

Las medidas antijudías se ponen en práctica de inmediato. Las fábricas y los negocios que pertenecen a los judíos son confiscados. Los judíos son objeto de humillación pública al azar. Además, se los castiga por supuestas infracciones de las leyes nuevas o por muestras de falta de respeto hacia los alemanes. Muchos se ven obligados a hacer trabajos forzados.

Transcripción

Jack Adler: Tengo recuerdos muy vívidos. Como dije anteriormente, recuerdo que era un joven muy curioso. Y, durante los primeros días, un niño pequeño todavía podía salir y observar las cosas, más que un adulto. Recuerdo haber visto a polacos, vecinos, amigos, a quienes considerábamos amigos al menos, recibiendo con los brazos abiertos a las fuerzas alemanas, las fuerzas de la ocupación, repartiendo flores, besándolos.

Jamás en mi vida pude imaginar que esas personas, que eran tan cálidas y amables con todos, pudieran ser tan horribles, considerando las cosas que sabíamos que estaban sucediendo en Alemania. Pero en un... un día, se podía ver lo que estaba pasando. Rodeaban el templo, sacaban a los judíos, incluso con el talit, el mantón de oración.

Y como dije antes, tuvimos que cavar esas zanjas. El gobierno nos hizo cavar, para antiaéreos o algo así. Los hicieron ponerse de rodillas, con los mantones de oración, y con las manos debían cubrir las zanjas. Si alguien se resistía, lo pateaban o escupían. Nosotros sabíamos que esas historias que habíamos escuchado se estaban haciendo realidad.

A diario, ellos, los alemanes, venían a los barrios judíos, los rodeaban y llevaban a hombres y mujeres a trabajar fuera del gueto, a hacer distintas tareas, en fábricas o lo que fuera. Casi un día después de la ocupación, las golpizas se convirtieron en la norma. Se llevaban a hombres y mujeres y los perseguían con látigos, como si fueran ganado. Los llevaban a la plaza del pueblo y allí los humillaban. Y si alguien se quejaba, lo mataban, le disparaban en el acto.

Se reían sin motivo alguno, solo porque eran judíos. Recuerdo todo eso con mucha claridad.

"Se reían sin motivo alguno, solo porque eran judíos."

Archivo de Historia Visual de la Fundación Shoah en USC, entrevista 18433

Como muchos polacos siguen el ejemplo nazi, los ataques brutales contra los judíos se convierten en algo común. Durante la festividad de Rosh Hashaná (del 13 al 15 de septiembre de 1939), la población local, actuando bajo las órdenes de los alemanes, saquea la sinagoga de Pabianice. Posteriormente, utilizan el edificio como establo.

Las noticias de los avances militares de la Unión Soviética en Polonia impulsan una oleada de refugiados que huyen hacia el este, para escapar de la ocupación nazi. Como muchos otros, el padre de Jack, Cemach Adler, y su hermano mayor, Chaim, deciden abandonar Pabianice. Cinco días después regresan, tras haber sido rechazados por los rusos.

El Dr. T. Sasna-Lifszic describe el ambiente durante los primeros días de la ocupación nazi de Pabianice:

Los alemanes... de inmediato comenzaron a capturar a las personas para trabajar. Obligaban a los judíos a llevar a cabo las tareas más difíciles mientras los golpeaban e insultaban. Todos los días los judíos regresaban del trabajo golpeados, ensangrentados y cubiertos de barro. Además, corrían el peligro de que los fusilaran en cualquier momento, según el estado de ánimo del alemán de turno, quien se convertía en el amo que podía decidir sobre la vida y la muerte de cada judío. El trabajo era improductivo, diseñado para agotar a la persona, torturarla físicamente y quebrarla espiritualmente. Nos obligaban a llevar piedras de un lugar a otro y al día siguiente teníamos que llevarlas de vuelta a donde habíamos comenzado el día anterior. Este trabajo tenía que hacerse a un ritmo rápido hasta la noche. Escuchamos la noticia de que los soviéticos habían cruzado la frontera polaca y que se habían detenido en el río Bug. Los judíos de este lado del Bug se desplazaban masivamente a las zonas que el Ejército Rojo ya había tomado. Algunos, en su mayoría jóvenes, incluso comenzaron a abandonar Pabianice para dirigirse hacia el oeste de Bielorrusia.

Cronología de Jack Adler

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